
AVENTURAS Y DESVENTURAS EN UN ENTORNO HERMOSO PERO HÓSTIL
Los deportes de naturaleza y aventura en Aragón para aquellos que nos movemos en el mundo urbanita pueden comenzar con un despertar ansioso el día de la partida: Ojos somnolientos, patinazo y golpe en la ducha, discusiones domésticas por aquello de que “con tu edad ya no estás para estas cosas”, que “cuida con los precipicios...” Luego, por poner un ejemplo, si uno sale de Zaragoza o de Huesca al punto de la mañana y tiene que acercarse aunque sea al embalse de La Sarra, que “si cuida con la carretera, que no corras....”. Total, que todo es riesgo. Y uno que pensaba pasarlo tan bien en la naturaleza... Bueno, es igual, pasados los momentos previos se termina llegando a las montañas, al punto que hemos elegido y el corazón se hace más grande, parece que como protagonista que eres, te encuentras ante una realidad que parecía un sueño y que ahora se nos ofrece en su más espléndida belleza.Pero si las advertencias iniciales parecían broma, exageradas, tienen, hay que reconocerlo, su fondo de razón. En el deporte en el mundo de la naturaleza, ni siquiera en el aparentemente inofensivo senderismo, el riesgo se minimiza del todo. La prevención empieza en el domicilio de uno mismo. ¿Se ha contactado con los guías adecuados? Con ello me refiero a las compañías de guías que desde hace años vienen demostrando una auténtica profesionalidad, a los clubes que cumplen con su misión formativa y de atención al socio. Otras peguntas: ¿se lleva el material adecuado?, es decir, botas, ropa apropiada, chubasquero, y si me apuran hasta ¿un pequeño botiquín?La realidad es que todas las precauciones son pocas. Sin embargo, si se guardan bien y uno es consciente de sus propias limitaciones, la capacidad de disfrute en el entorno natural se puede magnificar hasta límites insospechados. Se da la circunstancia de que Aragón ofrece unas posibilidades casi sin fin y hay que reconocer que estas actividades tienen una importante repercusión en el desarrollo socioeconómico de esta Comunidad, pero también plantean problemas socio sanitarios muy serios. Tengamos en cuenta que el 40 por ciento del total de los accidentes de montaña que se producen en nuestro país tienen lugar en Aragón, que el 65 por ciento de los accidentes que se producen en el entorno pirenaico, incluida la vertiente francesa, es en el aragonés.Lo cierto es que en las últimas décadas, como consecuencia de profundas y complejas transformaciones socioeconómicas, Aragón ha asistido en su territorio al desarrollo masivo de lo que se ha dado en denominar “Turismo de Aventura y Naturaleza” con un crecimiento de los "Deportes de Riesgo", que en un gran número de casos encuentran en el territorio montañoso su ideal terreno de juego.Aragón tiene una extensión de más de 47.000 kilómetros cuadrados, con una población de 1.300.000 habitantes, de los que 730.000 viven en Zaragoza capital. Ello conlleva que la densidad de población, fuera de los núcleos urbanos, no alcance más de 3 habitantes por kilómetros cuadrado, la más baja de España. Además, el territorio es montañoso en un 70 por ciento de su superficie. Para una gran parte de nuestros pueblos y valles, el turismo que se deriva de la práctica de las actividades de montaña es el motor que mueve su economía, ya que si no sucediese de esta manera, la despoblación aún sería mucho más alarmante.Sabemos que el Gobierno de Aragón está perfectamente concienciado de lo que representa todo esto. Los deportes de naturaleza y aventura requieren una atención especial, y de hecho ahí está la medicalización del socorro de rescate en montaña, del que la Comunidad Aragonesa es pionera en España, ahí está la formación constante de médicos y sanitarios, el plan de ayudas a las casas de alojamientos rurales, aunque esto ya debería de figurar en otro apartado. Son muy importantes las cantidades que se gastan en los rescates y como suele decir mi amigo el doctor José Ramón Morandeira, “la salud no tiene precio, pero tiene un costo, por lo que el mejor rescate es aquel que no se hace”.
Los deportes de naturaleza y aventura en Aragón para aquellos que nos movemos en el mundo urbanita pueden comenzar con un despertar ansioso el día de la partida: Ojos somnolientos, patinazo y golpe en la ducha, discusiones domésticas por aquello de que “con tu edad ya no estás para estas cosas”, que “cuida con los precipicios...” Luego, por poner un ejemplo, si uno sale de Zaragoza o de Huesca al punto de la mañana y tiene que acercarse aunque sea al embalse de La Sarra, que “si cuida con la carretera, que no corras....”. Total, que todo es riesgo. Y uno que pensaba pasarlo tan bien en la naturaleza... Bueno, es igual, pasados los momentos previos se termina llegando a las montañas, al punto que hemos elegido y el corazón se hace más grande, parece que como protagonista que eres, te encuentras ante una realidad que parecía un sueño y que ahora se nos ofrece en su más espléndida belleza.Pero si las advertencias iniciales parecían broma, exageradas, tienen, hay que reconocerlo, su fondo de razón. En el deporte en el mundo de la naturaleza, ni siquiera en el aparentemente inofensivo senderismo, el riesgo se minimiza del todo. La prevención empieza en el domicilio de uno mismo. ¿Se ha contactado con los guías adecuados? Con ello me refiero a las compañías de guías que desde hace años vienen demostrando una auténtica profesionalidad, a los clubes que cumplen con su misión formativa y de atención al socio. Otras peguntas: ¿se lleva el material adecuado?, es decir, botas, ropa apropiada, chubasquero, y si me apuran hasta ¿un pequeño botiquín?La realidad es que todas las precauciones son pocas. Sin embargo, si se guardan bien y uno es consciente de sus propias limitaciones, la capacidad de disfrute en el entorno natural se puede magnificar hasta límites insospechados. Se da la circunstancia de que Aragón ofrece unas posibilidades casi sin fin y hay que reconocer que estas actividades tienen una importante repercusión en el desarrollo socioeconómico de esta Comunidad, pero también plantean problemas socio sanitarios muy serios. Tengamos en cuenta que el 40 por ciento del total de los accidentes de montaña que se producen en nuestro país tienen lugar en Aragón, que el 65 por ciento de los accidentes que se producen en el entorno pirenaico, incluida la vertiente francesa, es en el aragonés.Lo cierto es que en las últimas décadas, como consecuencia de profundas y complejas transformaciones socioeconómicas, Aragón ha asistido en su territorio al desarrollo masivo de lo que se ha dado en denominar “Turismo de Aventura y Naturaleza” con un crecimiento de los "Deportes de Riesgo", que en un gran número de casos encuentran en el territorio montañoso su ideal terreno de juego.Aragón tiene una extensión de más de 47.000 kilómetros cuadrados, con una población de 1.300.000 habitantes, de los que 730.000 viven en Zaragoza capital. Ello conlleva que la densidad de población, fuera de los núcleos urbanos, no alcance más de 3 habitantes por kilómetros cuadrado, la más baja de España. Además, el territorio es montañoso en un 70 por ciento de su superficie. Para una gran parte de nuestros pueblos y valles, el turismo que se deriva de la práctica de las actividades de montaña es el motor que mueve su economía, ya que si no sucediese de esta manera, la despoblación aún sería mucho más alarmante.Sabemos que el Gobierno de Aragón está perfectamente concienciado de lo que representa todo esto. Los deportes de naturaleza y aventura requieren una atención especial, y de hecho ahí está la medicalización del socorro de rescate en montaña, del que la Comunidad Aragonesa es pionera en España, ahí está la formación constante de médicos y sanitarios, el plan de ayudas a las casas de alojamientos rurales, aunque esto ya debería de figurar en otro apartado. Son muy importantes las cantidades que se gastan en los rescates y como suele decir mi amigo el doctor José Ramón Morandeira, “la salud no tiene precio, pero tiene un costo, por lo que el mejor rescate es aquel que no se hace”.
Mayor sensatez
Todo lo que se haga por la seguridad de los demás es poco. Pero a muchos de los que se internan en nuestros sistemas montañosos, pienso que a un altísimo porcentaje, debemos de pedirles una mayor sensatez. En primer lugar, un gran respeto por la naturaleza, por un entorno frágil, pero a la vez tremendamente bello. No se puede ir de “Rambo” por la vida, armados de navajas con las que cortar plantas, ni jugar a la supervivencia, molestando a la fauna, cercenando la flora. Y no digamos de los que deciden hacer fuego. Tampoco se puede ir de David Crocket. “Rambo” fue un descerebrado personaje de la ficción estadounidense que pasó a la historia negra, y el otro a la historia más anodina. Hay una consigna en la que continuamente insiste la Federación de Montañismo y que dice: “Procura no dejar tu huella allá donde el paso de los siglos se ha abstenido de hacerlo”. El respeto por el medio debe ser fundamental por muchas ansias de aventura que se tenga, y a veces la falta de respeto puede ser causa de accidentes muy graves, hasta con resultado de muerte.Con todo ello no quiero desanimar, ni mucho menos, a que la gente acuda a la montaña, a los barrancos, a los ríos de aguas bravas a que practique sus deportes favoritos, a que disfrute intensamente de algo que es único en sensaciones para la vista, el oído, olfato, gusto y tacto, los cinco sentidos que tanto ayudan a gozar de todas las actividades, siempre que se sepa hacer uso de ellos. Si la montaña es hermosa, la vida lo es mucho más, aunque para más de uno, la montaña y su entorno es vida. Así hay que entenderlo y tratar de transmitirlo por parte del personal especializado de los clubes y de los guías profesionales, siempre con la cabeza puesta en su sitio, ofreciendo a cada uno lo suyo, lo que sabe y lo que puede hacer con su ayuda. Seguro que darán los consejos oportunos y que se desvivirán por sus “tutelados”.Formarse y ser miembros de un club da auténtica sensación de seguridad, sobre todo si los componentes de un grupo van acompañados de sus monitores. Igualmente ocurre con aquellos que contratan los servicios de las compañías de guías bien acreditadas en Aragón. Se trata de ir siempre lo más seguro posible. Aquellos que van por libre, o tienen que estar muy bien formados, o conocer perfectamente el terreno por el que se conducen. Barranquistas, escaladores, voladores con parapente o ala delta, piragüistas en aguas bravas, etc., parece que tienen muy claro lo que deben de hacer: o ser expertos o ponerse en manos de expertos.Punto y aparte haría para los amantes del senderismo, un deporte aparentemente inofensivo y en cualquier caso sanísimo, siempre que se guarden las debidas precauciones de seguridad. Muchos acuden a nuestros senderos lo hacen porque parece fácil, porque sólo se trata de andar. En algunos casos hay senderos que verdaderamente son muy fáciles y que no tienen dificultad alguna, si bien siempre es recomendable una aceptable preparación física. En otros, si no se tienen los debidos conocimientos, es mejor ir acompañado de otras personas más expertas y que se conozcan el terreno. Por poner un ejemplo, lo que no se puede hacer, aunque sea en agosto, es ir al collado de Brazatos por la tarde, no muy lejos de la noche, cuando los más sensatos están de vuelta o cuando los nubarrones anuncian tormenta, con unos pantalones cortos, unas camisetas con tirantes y unas simples deportivas sin siquiera calcetines. Así sucedió en una ocasión en la que fui testigo activo. Al advertir a aquel grupo de la conveniencia de no adentrarse más en la montaña, el que aparentaba ser la voz cantante del mismo me contestó aquello tan manido de “usted métase en sus asuntos”. Ellos siguieron hacia arriba y a los pocos momentos descargó una lluvia torrencial, en medio de un fuerte aparato eléctrico. A veces no suceden más cosas porque Dios no quiere. Hace ya bastantes años, cerca de la “Cola del Caballo”, en el Parque Nacional de Ordesa (entonces no estaba unido a Monte Perdido), en pleno mes de septiembre una persona que iba ligera de ropa no supo o no pudo seguir camino, al día siguiente apareció muerto a causa de una hipotermia.Si uno “va por libre”, si no lo hace en compañía de un club o de la mano de los servicios de unos guías, sea la actividad que sea, que guarde las debidas normas de prudencia, que pregunte por el tiempo que va a hacer, que contacte con los guardas de los refugios de las zonas y se informe de sus entornos, que deje a sus familiares, amigos o en el puesto más próximo de la Guardia Civil, el itinerario que va a realizar y la hora que piensa puede estar de vuelta, a fin de poner en marcha el posible servicio de rescate. No se olvide que un simple esguince de tobillo en un medio natural de difícil acceso, puede ser grave y hasta motivo de emergencia para los especialistas en socorro montañero, lo que supone un buen gasto, no solo económico para el bolsillo de todos los contribuyentes, sino que se pone también en juego la integridad física de otras personas.Ánimo pues a disfrutar de la naturaleza en toda su intensidad, pero bien seguro. Nada hay tan bello como sentirse libre y lanzar gritos de auténtica sensación de libertad, como si del más primitivo “Tarzán” de la selva se tratase. Decían mis buenos amigos Pepe Díaz y Jerónimo Lerín, este último ya fallecido, que “un día de senderismo equivale a una semana de salud”. Están plenamente en lo cierto. El deporte de naturaleza en general produce en la persona unos beneficios incluso psicológicos, tremendamente beneficiosos. Y ya se sabe, y vuelvo a insistir: “el mejor rescate es aquel que no se hace”.
MANUEL ESPAÑOL
MANUEL ESPAÑOL
