Nos vamos al Himalaya

Carlos Pauner, Marta Alejandre y Javier Pérez son los protagonistas de una bella y apasionante aventura. Su objetivo es el de ascender a la cima del Dhaulagiri (8.136 metros) y seguidamente acometer la conquista del Everest (8.848 metros). Pauner se halla inmerso en la carrera de los catorce "ochomiles", mientras que Marta podría convertirse en la primera aragonesa en hollar una cima de más de 8.000 metros. Sus impresiones a lo largo de esta expedición seran publicadas conforme lleguen en este mismo blog.

LLEGÓ EL MOMENTO DE LA VERDAD

Carlos Pauner, Javier Pérez y Marta Alejandre, en la tienda comedor del campo base del Dhaulagiri

LOS TRES ARAGONESES INICIARON EL ATAQUE A LA CUMBRE DEL DHAULAGIRI

El pasado domingo por la tarde, las distintas expediciones que se encuentran en el Campo Base del Dhaulagiri contrastaron sus partes meteorológicos. Todos coincidían, el 2 de Mayo por la tarde entrará un fuerte frente en la zona que durará unos diez días. Por lo tanto, los tres montañeros aragoneses Marta, Javier y Carlos, junto con los demás expedicionarios allí, decidieron cambiar sus planes. Salieron en la mañana de ayer lunes de camino hacia la cima del Dhaulagiri. Horas depués llegaron al campo I, hoy martes esperan estar en el C-2, mañana miércoles al C-3, y esperan poder llegar a la cima el jueves por la mañana, día 1 de Mayo. Antes de dicha partida, Carlos Pauner dejó escrito el siguiente texto, que él mismo ha titulado "El asedio":


Cuántas veces habremos leído en la literatura de montaña esta magnífica palabra. El asedio. Los alpinistas asediaron la pared durante varios días... El asedio a la montaña duró varias semanas, etc... Bueno, se podría decir que estamos en ello, en un asedio feroz a nuestro Dhaulagiri. Hemos escalado parte de sus laderas y estamos a su alrededor, agazapados, esperando asestarle el golpe definitivo. Pero en realidad, si se piensa detenidamente, el asediado no es el Dhaula, sino nosotros mismos. La montaña nos asedia a nosotros, nos mantiene a raya en sus dominios. Nos lanza fuertes vientos, nos deja helados con su nieve, nos paraliza en el campo base a su merced. Pone a prueba nuestra capacidad de aguante, nuestra capacidad de dejarnos influir por los acontecimientos. Nos vuelve locos, con algún día aparentemente bueno para la escalada, lo cual nos hace dudar de nuestros partes, para luego mostrarse completamente distinto... ¡Ay, como se lo saben hacer estas montañas!.
Poco a poco, los días pasan y no encontramos el agujero de buen tiempo definitivo. El Dhaula se ríe, se muestra irónico. Nos las prometíamos muy felices hace algunas jornadas, pero creo que, la batalla, no ha hecho ni comenzar. Esta montaña áspera y rancia va a poner a prueba todo nuestro espíritu, nuestra psicología, nuestra experiencia. Cada día que pasa aquí abajo es una prueba más. Nos vamos poniendo nerviosos, hablamos, nos reunimos, discutimos sobre los partes y comienza, como en otras ocasiones ya he contado, ese nuevo tipo de religión, cuyo principal profeta es la predicción meteorológica. No en vano, vaya desde aquí mi más profundo agradecimiento a las personas que nos facilitan estas informaciones. Hacen que la toma de decisiones sea más sencilla aquí arriba, que tengamos más seguridad en nuestras incursiones en el mundo de la altura.
Paralelamente, nosotros mismos, nos hacemos nuestros líos y composiciones de lugar, empujados por el único y puro sentimiento de acertar, de que la siguiente salida no sea baldía, de que terminemos de una vez en este lugar. Más o menos, todas las predicciones del tiempo coinciden. Ahora estamos siendo azotados por el viento y en altura, el dueño y señor sólo es él, el dios Eolo. Parece ser que para el periodo del 1 al 3 de Mayo, el viento disminuye y podríamos tener una oportunidad. No obstante, irónico el Dhaula como es, parece que nos va a obsequiar con una serie de grandes nevadas al mismo tiempo. Difícil tarea, encontrar un hueco entre el huracán y el cambio de tiempo. Realmente no sabemos qué hacer. No sabemos cuándo salir hacia arriba. No sabemos a qué carta apostar. Cierto es que aquí las indecisiones no valen nada, así que en las próximas horas habrá que decidir. Apostar por una fecha o por otra. Encontrar ese resquicio y aprovecharlo. Creo que es una situación que hay que sopesar muy muy bien. Ahora la montaña está sin casi nieve. No está peligrosa y por tanto, tenemos que aprovechar esta situación. Seguro que no vuelve a estar así en toda la temporada. Meditaremos, discutiremos, nos daremos por completo a esta nueva religión y sin duda, en los próximos días, la decisión tendrá que ser tomada, para bien o para mal. Nuestro margen de maniobra no es muy grande. Seguimos en nuestro asedio, mejor dicho, en el del Dhaula.

Carlos Pauner

EL DÍA DE SAN JORGE, EN EL DHAULAGIRI

Aspecto que presentaba el campo base del Dhaulagiri en el Día de Aragón

DISPUESTOS A LANZAR PRIMER ATAQUE A LA CIMA

Hoy, día de Aragón, los tres expedicionarios del Dhaulagiri vivimos la jornada de forma muy diferente a la mayoría del resto de aragoneses. Estamos a 4.700 metro en el campo base, tras haber instalado y dormido en el campo 2 a 6.800 metros. Son días de descanso, de tranquilidad, pero no hay que olvidar que estamos en un remoto lugar del planeta. El hielo cruje bajo nuestros pies, nieva cada tarde con algo de intensidad y por la noches el frío atenaza nuestros cuerpos dentro de nuestras pequeñas casas de lona.

Llevamos ya un mes fuera de casa y esto empieza a notarse en nuestras vidas. Echamos de menos a nuestras familias y amigos, nuestras costumbres diarias, nuestra tierra, nuestra gastronomía, en fin, nuestra casa. Por eso, especialmente hoy es un día para la nostalgia. Nos gustaría estar celebrando este día tan especial con nuestra gente, respirando el aire de nuestra privilegiada región, paseando por el Tubo o disfrutando del paisaje de nuestras montañas. Nada de esto es así.
Estamos sobre un glaciar, con miles de metros de montaña por encima de la cabeza y aún por escalar y con una ligera tensión que empieza a percibirse. Hemos completado nuestra aclimatación y ya estamos esperando para esa gran ventana de buen tiempo que nos ha de permitir lanzar nuestro primer ataque al Dhaulagiri. Queremos descansar tres o cuatro días más y si el tiempo nos lo permite, lanzar ya la primera oleada sobre la montaña. De conseguirse la cima, sería fantástico, pues estaríamos completamente dentro de los planes trazados de antemano. Pero bueno, eso ahora no nos importa demasiado. Tan sólo nos interesa que todo salga bien, que alcancemos nuestro objetivo y que todos volvamos bien al campo base.
De momento, las condiciones de la nieve aguantan. No ha nevado demasiado y se mantiene la huella en la montaña. Todo lo colocado sigue en su sitio y no se esperan grandes nevadas en estos días venideros. Más al contrario, parecen días de viento, lo cual nos ha de ayudar a mejorar las condiciones de la ruta. En cuanto el viento tienda a calmarse, será el momento de partir y pelear por la añorada cima. Llevamos tan solo 18 días de campo base, pero la verdad es que todo ha salido bastante rápido hasta la fecha.
Por eso hoy es un día de reflexión, de añoranza, de cierta melancolía. No obstante, desde este lejano lugar, nos unimos a todos los aragoneses en la celebración de tan entrañable festividad. Deseamos lo mejor para todos y cada uno de nuestros compatriotas, agradecemos el apoyo que nos habéis brindado día tras días y nos mantenemos concentrados, para poder subir nuestra bandera a lo más alto del Dhaulagiri en unas fechas no muy lejanas.
Carlos Pauner


DE NUEVO EN EL CAMPO BASE DEL DHAULAGIRI






En la foto superior, los montañeros aragoneses caminan haciael campo 2, con la cima del Dhaulagiri al fondo. Bajo estas líneas, ya están ubicados en el campo 2 a 6.800 metros.



EL CAMINO HACIA LA CIMA ESTÁ ABIERTO



Casi se podría decir que de vuelta al hogar. Retomar el aire sano del campo base, el calor del mismo, tus cosas, tus comodidades... Sin duda es un experiencia difícil de explicar.
Tras cuatro días vividos en el límite de lo soportable, comiendo lo justo, pasando frío y realizando un esfuerzo titánico, volver a la paz del campo base es sin duda lo más cercano que vamos a estar de nuestro hogar. Nos duelen las piernas, nos abrasa la garganta, echamos de menos a los nuestros, pensamos en ellos, pero bajo esta apariencia quemada y desgarrada, estamos contentos por el trabajo realizado. Han sido cuatro jornadas de vida en altura, de trabajo duro, a la par que eficaz.
El primer día subimos con carga hasta el campo 1 a 5.900 metros, donde dormimos. Al día siguiente nos encaramamos por las largas pendientes que conducen al campo 2, a 6.800 metros. El camino se va empinando poco a poco, la altura se hace notar en nuestra desbocada respiración. Vemos el lugar, ese gran bloque de hielo bajo el cual colocar las tiendas razonablemente seguras, pero nunca llega. El tiempo pasa lento. Todo va quedando por debajo. Detrás nuestro, asoma la magnífica figura del Annapurna. 100 metros más, 50 y por fin, en medio de una pequeña ventisca heladora, conseguimos llegar a este curioso nido. Estamos muy altos, pero preferimos este lugar que está más o menos protegido, que otras alternativas más peligrosas. El viento sopla con fuerza, nos hiela la cara y las manos. No podemos montar las tiendas en estas condiciones, así que decidimos dejar todo ahí y bajar de nuevo al campo 1, donde llegamos helados y muy cansados. No es momento de titubear. Hay que dormir y mañana será otro día. En efecto, por la mañana, el tiempo es de nuevo bueno. Subimos otra vez al campo 2, donde, ahora sí, con menos viento, colocamos las tiendas, tras excavar a pala las pertinentes plataformas. Tras este esfuerzo agotador, fundir nieve, hidratarse y sin pausa, al saco, antes de que la helada de la noche caiga. Dura noche, los tres en un pequeña tienda, cubiertos por las escarcha y el hielo. Nada cambia la vida en altura. Siempre es lo mismo, pero es necesario, para poder completar la aclimatación, imprescindible en este tipo de montañas. Al amanecer, como siempre, frío, escarcha y entumecimiento. Parece mentira que los cuerpos sean capaces de recuperarse y de ponerse en marcha. Pero así es. Hace sol, pero viento. Estamos con otros grupos y no es fácil que decisión tomar. Todavía no tenemos en altura los trajes apropiados para el frío y el día promete ser helador. Ivan y Fercho tiran para arriba con algo de cuerda que hemos colocado aquí entre todos. Tras 300 metros, deciden bajar y todos apuntamos hacia el campo base, hacia la vida. En cuatro horas abrazamos a nuestro cocinero Yanak y nos quitamos los atuendos que hemos llevado durante cuatro largos días. Bebemos, comemos y sentimos el relajo del trabajo realizado. Hemos montado el campo 2, muy alto y está abierto el camino hacia la cima.
Ahora, durante cuatro o cinco días, no va a existir la montaña. Vamos a recuperarnos, a relajarnos y a sanar las heridas que nos ha infringido la montaña. El Dhaulagiri es una montaña poderosa, peligrosa y dura. Hemos batallado con frescura, con determinación y hemos avanzado mucho hacia su cima. Vamos a relajarnos unos pocos días, sin olvidar, no obstante, que la batalla definitiva está aún por llegar. Nos queda mucho por pelear, pero no hay que olvidar que ya hemos luchado mucho y gracias a eso, estamos en el buen camino, en el camino de la cumbre del Dhaula. Estamos quemados, cansados, secos y envejecidos, pero por dentro, nos inunda la satisfacción del duro trabajo realizado en las laderas de esta hermosa cumbre del Himalaya. Nuestro sueño, poner los pies en el punto más alto, cada día, está un poco más cercano. Casi lo podemos presentir, con más fuerza, cada día que pasamos aquí arriba.



Carlos Pauner

UNA GRAN OPORTUNIDAD EN EL DHAULAGIRI



Los aragoneses unen esfuerzos con otros montañeros españoles, checos y polacos

Estamos en nuestro campo base, descansando tranquilamente y el tiempo es bastante bueno. No nieva y luce el sol. La nieve caída ha sido bastante purgada de la montaña y las condiciones parecen buenas. Además, los distintos partes meteorológicos de las diferentes expediciones, que rondamos por aquí, van coincidiendo y parece que vienen unos días de muy buen tiempo. Es la gran oportunidad, esa ventana que nos ha de permitir trabajar en la montaña durante tres o cuatro días para abrir la puerta a la esperanza.
Tras la reunión que tuvimos ayer todos los grupos, se decidió trabajar en común, españoles (mayoría), checos, polacos y demás, para abrir la puerta del Dhaulagiri. Esto significa, ser capaces de acumular en el campo 2, toda la cuerda necesaria y fijarla entre el campo 2 y el campo 3, a casi 7.200 metros de altitud. Cada grupo, con el campo 2 instalado y la cuerda puesta hasta más de 7.000, ya tiene la oportunidad de ir para cima en un futuro muy cercano.
Nuestro equipo, por tanto, subirá el jueves hasta el campo 1, que ya montamos hace unos días. Dormiremos ahí e iremos al campo 2, para instalarlo y dormir. Al día siguiente, habrá que trabajar en la ruta y volver a dormir en el campo 2. Con el alba, de vuelta al confort de nuestro pequeño hogar del campo base. Mucho trabajo, pero trabajo necesario en esta montaña. Si todo va bien, habremos abierto el camino y estaremos en una fase muy diferente. Estaremos ya pensando en los primeros ataques a cima. Casi nada.
Hoy hay que prepararlo todo, para que nada falle allá arriba. Tiendas, gas, comida, cuerda, clavos, etc etc. Mucho equipamiento, pero todo va a ser necesario allá arriba. También habrá que preparar la mente. Tras estos días de calma, vienen días de mucho trabajo, de mucho esfuerzo y , por supuesto, de grandes riesgos. Que duda cabe, que personalmente, no me va a ser fácil dormir en el mismo sitio en que yacen Ricardo, Garcés y Santiago. Mi mente no puede dejar de recordar los grandes momentos vividos, especialmente con Ricardo. Con él compartí expediciones, momentos de amistad, sueños, ilusiones y parte de mi vida se fue para siempre con él. No, no va a ser fácil estar ahí. Pero voy a estar. Va a ser un homenaje a ellos, a esos bravos guerreros que entregaron su vida persiguiendo un sueño. Que ejemplo para los que quedamos. Que valor sin límites, pelear hasta el final, sin dudas, sin ambigüedades, sin tonterías. Estoy muy orgulloso de haberos conocido, de haber aprendido de vosotros, de haber podido compartir parte de mi vida con dos personas tan, tan especiales. Gracias hermanos. Todo mi esfuerzo en estos días irá dedicado a vuestra memoria gloriosa. Os quiero y formáis parte de mi. Formáis parte del Himalaya para siempre.
Va por vosotros y vuestras familias.

Carlos Pauner

INSTALADO EL CAMPO 1 EN EL DHAULAGIRI



La expedición aragonesa celebra el año nuevo de Nepal


Hoy celebramos el año nuevo en Nepal. Comenzamos este 2065 con buenos deseos y buenas vibraciones. Además Nepal se estrena con elecciones constitucionales, nuevo hito que marcará el futuro de este pequeño país lleno de montañas. Para nosotros son días de calma, de descanso, tras haber subido a la cota 5.900 metros y haber instalado el campo 1, primer campo de altura de los tres que necesitaremos para subir a la cima de este gigante. En unas 6 horas y media cruzamos bajo el pequeño Eiger, pared vertical que domina el campo base, para luego atravesar un largo glaciar hasta el enorme collado que conforma el comienzo de la arista NE del Dhaulagiri. Llegamos con buen tiempo, montamos las tiendas y comenzamos con las tareas de fundir nieve para obtener agua. Al caer la noche, la nieve hizo acto de presencia y a la mañana siguiente un blanco manto lo cubría todo. Tras pasar la noche en este lugar, comenzamos el descenso hacia el campo base, para descansar y permitir que el cuerpo se vaya recuperando del esfuerzo realizado. De momento todo va sobre lo previsto. En el próximo tirón habrá ya que montar el campo 2 a unos 6.500 metros, pero eso será dentro de unos pocos días.
Hoy luce el sol de nuevo en nuestro campo base y hemos aprovechado para hacer una buena comida. Hemos traído dos buenas piezas de bacalao y nuestro amigo Asier, miembro de la otra expedición, ha instruido a nuestro cocinero en las artes de la cocina de este manjar. El resultado no ha podido ser mejor y hemos degustado un buen bacalao al pil pil que ha hecho las delicias de nuestros paladares. El estado de ánimo no puede estar más alto y nos encontramos tranquilos, con los deberes hechos hasta la fecha y con energía para pegar duro en esta montaña.
A pesar de la altura y del frío, los equipos de ordenadores y cámaras están funcionando perfectamente. Aprovechamos las horas centrales del día, las de más calor, para trabajar con ellos y poder enviar las crónicas y las fotos de nuestras peripecias, así como los videos para la televisión aragonesa. Es un trabajo duro, pero nos reconforta el poder compartir con todos los aragoneses estos bellos paisajes, tan alejados de nuestra tierra como salvajes en sus formas. Hablamos con expedicionarios de otros países sobre nuestras montañas, acerca de nuestras costumbres y no podemos evitar dejar entrever una cierta melancolía tras estas 3 semanas ya alejados de nuestro hogar. Poco a poco va pasando el tiempo y nos vamos acostumbrando a estar aquí, viviendo sobre el hielo y las piedras, escuchando avalanchas en la noche o reconfortándonos por los primeros rayos de sol en la helada de la mañana. Como animales de costumbres que somos, nos hemos hecho a este tipo de vida tan extraño y empezamos a encontrar cierto confort en nuestra existencia en las alturas. Es un proceso inevitable, necesario para seguir ascendiendo, para seguir soñando con la lejana cima de nuestra montaña.


Carlos Pauner

PRIMEROS ESCARCEOS EN EL DHAULAGIRI



Los aragoneses, dispuestos
a poner a prueba su fortaleza
y debilidades


Por fin nos hemos adentrado en la montaña. Tras todo este tiempo de preparativos, aproximaciones y problemas, ayer nos encaramamos por estas primeras pendientes nevadas del Dhaulagiri. La idea era bastante sencilla, comenzar a movernos un poco y aprovechar para llevar algo de carga para hacer un depósito intermedio entre el campo base y el campo 1. Aprovechamos que hacía bueno y hacia las 7 y media salimos del campo base. Los primeros pasos siempre se hacen duros, porque todavía la aclimatación no está muy conseguida y se nota la falta de oxígeno, que ya en esta altura es del 50 % del que disfrutamos en la playa. Poco a poco nos elevamos por el borde del glaciar, hasta llegar a la parte más horizontal del mismo, lugar donde dejamos el depósito y nos dimos la vuelta. Desde aquí aún queda recorrer un buen tramo de glaciar agrietado y unas formidables pendientes que nos han de llevar hasta los 5.900 m del campo 1. Pero eso será otro día. De momento, el objetivo se ha logrado. Hemos dejado 2 tiendas, palas, gas y algo de cuerda en este lugar. El próximo día, cogeremos todo esto y junto con los sacos de dormir, será suficiente para montar nuestro primer campo en altura.
Hoy día 10 nos hemos levantado con un sol fantástico. El cielo está completamente limpio y hace calor. Notamos el cansancio en las piernas, pero ha sido bueno darles un poco de marcha. Hemos desayunado unos buenos huevos fritos con jamón y hemos probado los recuperantes energéticos que Domingo, dueño de la ortopedia La Paz, como siempre, nos ha proporcionado amablemente. Es curiosa esta mezcla de nuevas tecnologías y alimentos tradicionales. Personalmente, pienso que una cosa no quita la otra. El gusto y los sentidos se regocijan al poder seguir degustando los alimentos de nuestra tierra y los músculos, se benefician de estos preparados ligeros y muy energéticos que nos ayudan a recuperarnos un poco de las grandes palizas que aquí nos damos. Estamos en el mundo de los contrastes. Tiendas de campaña sobre hielo y piedras, pero en su interior tenemos la más avanzada tecnología para el envío de imágenes y videos. Barras energéticas de última generación y la lata de aceite de oliva de toda la vida de nuestro Aragón. Calor insoportable cuando luce el sol de día y frío helador cuando las luces se ocultan. Todo es aquí así. Tranquilidad en el campo base o situaciones de verdadero peligro por encima de él. Contraste tras contraste. Es un mundo especial, donde la escalada, como tal, tan sólo es una parte del conjunto. Hay que acostumbrarse a vivir en estos lugares, arreglarse con los cocineros y porteadores. Afrontar la soledad, a veces asfixiante. Soportar la presión de una inminente salida hacia un terreno peligroso y traicionero. En definitiva hay que aprender a vivir con unas nuevas reglas, simples, precisas y duras. En el Himalaya nada se regala, todo se lucha. Quizás por eso nos atrae tanto estar aquí y poner a prueba nuestras fortalezas y debilidades. Si tal y como hemos planeado, mañana vamos con todo el equipo hacia el campo 1, sin duda, tendremos una buena ración de Himalaya para nuestros cuerpos. Pero eso, eso, será otra historia....


Carlos Pauner

Buenos deseos lanzados al viento en la ceremonia de la Puya






EL DHAULAGIRI MUESTRA SU CARA MÁS AMABLE


De nuevo la ceremonia de la Puya. El lama recita unos cánticos sagrados y se hace una ofrenda de tsampa y alimentos para los espíritus de las montañas. Todo finaliza con un lanzamiento de harina y de arroz al viento y la colocación de las banderas de oración orientadas a los puntos cardinales. Luce el sol y casi se podría decir que el Dhaulagiri nos obsequia con su lado más amable. No nos tenemos que dejar engañar. El Dhaula es una montaña cruel y peligrosa, que se ha llevado por delante a muchos buenos amigos.
Aunque ahora luzca el sol y todo sean parabienes, en breve nos tendremos que enfrentar a un sinfín de peligros y de situaciones difíciles. Tan sólo es un paréntesis en nuestra expedición. Agasajamos a los dioses, nos deseamos todos suerte en la montaña y celebramos la ocasión con una buena comida. Aún con las caras manchadas de tsampa, nos sentamos a la mesa para degustar una tortilla de patata al más puro estilo hispánico, unas albóndigas casi caseras y una ensalada. El vino de Cariñena riega nuestras gargantas y por unos instantes, nos sentimos trasladados a nuestros hogares.
Estamos aquí, a 4.700 m, pero disfrutamos de nuestras costumbres y gastronomía. Mañana será otra historia. Mañana a las 7 de la mañana, saldremos hacia las primeras pendientes de nieve. Nuestra intención es fijar los primeros 400 m con cuerda. Es un tramo bastante vertical, con nieve inestable, que da acceso al glaciar, puerta de entrada al campo 1. Al final del mismo, una larga pendiente de nieve helada conduce hasta un gran plano, a 5.850 m, punto donde se localiza este primer campamento de altura. No vamos a llegar tan lejos. Tan sólo se trata de equipar este primer tramo y tener una primera toma de contacto con la montaña. Comprobaremos el estado de la nieve y estiraremos un poco las piernas, que desde hace algunos días no trabajan nada. Comenzamos nuestra escalada, con calma, con concentración y con la profunda convicción de alcanzar, esta vez, nuestro objetivo en unas pocas semanas. La montaña dispondrá más tarde.
CARLOS PAUNER